Social Media: El Factor Redes Sociales en temas del ♡

By Anita Zuñiga, Abril 23, 2012

El intrincado mundo emocional, socializar, que el destino y el azar interpongan personas en tu camino, lidiar con caracteres, experiencias personales, costumbres arraigadas al ADN, a los cromosomas, y a la larga construir sincronía, es un micromundo que siento se está viendo trastocado a la hora de sumar el factor redes socialesLlámese whats app, twitter, facebook, gtalk, mensajes de texto, e-mail’s y toda esa infinidad de herramientas remotas que nos permiten escudar el “cara a cara” a la hora de relacionarnos en el mundo real……
No soy Pilar Sordo, ni tampoco un gurú del amor, ni una tarotista, ni Carrie Bradshaw en su columna de sexo, pero el tiempo y la vorágine de la vida diaria y porque no decirlo algo de experiencia en el amor, me permiten tener una visión amplia del punto en el que se encuentra la inteligencia emocional a nivel de macho v/s hembra en la era virtual del 2.0.
En pleno siglo XXI, si conoces a alguien, ambos se convierten en una suerte de contrincantes, donde cada uno explora al otro, hace preguntas de rigor, conoce lo básico, manifiesta o no interés, se deja llevar y al menos en mi caso, intenta extender el preámbulo que: o te lleva a una linda amistad o que termina gatillando un romance
Como en un safari ambos mundos diseñan un mapa mental involuntario, y sin querer se van desarrollando las circunstancias. Cada individuo pone de su parte, sabe que le agrada y que no, traen consigo un historial familiar y personal, mochilas amorosas, o tan sólo una actitud frente a la vida. Y es así, que a medida que trascurren las semanas, todo es color pink y bonito, pero es aconsejable, según mi perspectiva, la existencia de un “punto de quiebre” en el que debes desdoblarte y evaluar si existe de verdad un feeling, o si ambos están resueltos y dispuestos a continuar abriendo y sorteando caminos. 
Conocerse, entablar conversaciones, desarrollar actividades en conjunto y sobre todo tener paciencia es crucial. Nadie nace adivinando lo que otra persona piensa, ni tampoco cuáles son sus miedos, mañas, regalías, forma de vida, educación emocional, madurez en el amor, experiencias, etc … y es aquí donde aparece el fantasma de las redes sociales. ¿Por qué te preguntarás? agradezco infinitamente la conectividad, lo instantáneo, el estar conectados a diario y la maravillosa red que me permite publicar al instante mis columnas o notas.
Pero hay veces en que mi corazón se detiene y preferiría volver al pasado, no a las señales de humo, pero si a tener más incertumbre, al nerviosismo y ansiedad de esperar una llamada telefónica si querían saber de tí, no saber en que está la otra persona en todo momento, sorprenderte con recados en papelitos -que hoy sería un post-it– encontrado de casualidad en tu cartera, que te regalen una pastilla con mensajes especiales, que te sorprenda en tu casa una carta o postal enviada por correo, que te regalen una hoja del parque o simplemente compartir un par de horas caminando o salir de la rutina al final del día y compartir unos minutos conversando en vivo, simples detalles que forjaban “momentos” que hoy definitivamente no existen. 
Tengo claro que la tecnología no es tan ingrata y tiene sus bondades, pero en el fondo hacen que uno esté siempre disponible, lo que se agradece, pero en ocasiones mata los preámbulos y la magia, ya que nadie siente “in situ” las emociones y todo tiende a ser robótico, predecible. Y no sólo a nivel de la ilusión o el amor, ya que esto se traslada a las amistades y a la familia, haciendo que la aldea global, como lo citó alguna vez Marshall Mcluhan se convierta en una verdadera pesadilla, esencialmente porque la tecnología más que usarse para exteriorizar nuestra voluntad, nos está transformando en seres autómatas, acostumbrados a extendernos a través de ella, debido a que la tecnología configura y determina un patrón de conducta en tu entorno social. He dicho ¡Caso Cerrado!

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